imagen que contiene una fila de vasos de colores.

Vasos y su contraste.

 

Recuerdo aquella situación incierta, tras distintas visitas médicas, alcanzar el diagnóstico y regresar a casa con la idea de encaminar mi vida de la mejor manera posible. El desconocimiento era tal, que uno no sabía qué pasaría al día siguiente, la semana próxima o unos años después.  La respuesta del especialista, una vez finalizó el proceso para obtener el diagnóstico, fue “no sabemos que pasará, puede que te quedes igual, empeores o mejores, el tiempo nos dirá”. Ante esta realidad… ¿qué hacer?


Una vez alcanzada la afiliación a la ONCE pude pasar por distintos técnicos en movilidad, braille y psicóloga, entre otros profesionales. No solo fue bueno para mi situación personal, si no también para ordenar lo que estaba ocurriendo a mi alrededor. Fue muy positivo visitar y escuchar a estos profesionales para aprender todo aquello que me dijeran, el presente y futuro se estimaba algo incierto con respecto a la situación visual. Una vez llegamos a casa y mi madre tenía preparada la comida, la mesa puesta y todo bien colocado: platos, cubiertos, servilletas y vasos, nos disponemos a comer. Me sirven agua y comenzamos a conversar mientras comemos, y al gesticular, mi mano vuela hacia un desconocido y no observado vaso transparente de cristal repleto de agua, que sin darme cuenta, se derrama sobre esa mesa con mantel de tela color salmón. Ni me dí cuenta que tenía ese vaso tan cerca, no me percaté en ningún momento de la cercanía con aquel vaso tan limpio y cristalino.  En aquella ocasión, creo recordar, que pude sentirme incómodo,  como en otras ocasiones, donde compartes momentos sociales, el capítulo del vaso de agua transparente vuelve a ocurrir.   El tiempo, lo que sí te enseña, es a crear y tener trucos para buscar soluciones a estas tesituras. Me fui dando cuenta que observar contrastes me ayudaba, el fondo blanco con un negro para destacar un objeto, o al revés, eran muy útiles.  Retomando el asunto de las bebidas en comidas y cenas, me di cuenta a lo largo de este proceso, que el uso de estos contrastes me ayudaba a solucionar esta tensión. Cuando el vaso o la copa es transparente se podía pedir una bebida que diera color en el contenido del recipiente y de esta manera, tener ubicado el continente, y su contenido, cerca del plato. Era tal el desconocimiento por mi parte sobre el presente y futuro de la  Atrofia óptica hereditaria de Leber que uno mismo aprende a observar y escuchar tanto lo que te recomiendan como lo que uno mismo detecta  que le es válido.La cocina de casa fue sustituyendo los vasos transparentes por otros de colores que me ayudaban a conocer la distribución de la mesa, al introducir el color en el vaso independientemente de cual sea el de la bebida. La mesa ganó en personalidad, al ser distinta a las otras mesas. Disfruto así, tanto de la comida como de la bebida.  Compartir estas experiencias con otras personas afectadas por esta patología o cualquier otra que suponga la provocación de un déficit visual brusco o paulatino es una gran ventaja. Por una parte, ayuda a asumir una realidad personal, no vemos, ni nos manejamos como muchas otras personas y por otra, este comentario pudo solucionar a otros iguales el conflicto que yo tenía en eventos y comidas sociales.

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